Reseña de Una bala con mi nombre

Susana Rodríguez Lezaun

Viaje al lado oscuro

29/07/2020
Cubierta reseña Una bala con mi nombre
FICHA TÉCNICA

Título: Una bala con mi nombre

Autora: Susana Rodríguez Lezaun

Nº de páginas: 304

Editorial: HarperCollins Ibérica

Fecha publicación: agosto de 2019

SINOPSIS

Zoe Bennett, restauradora de museo, lleva una vida tranquila y anodina hasta que conoce a Noah, seductor y mucho más joven. Un robo y un asesinato en el museo la obligan a emprender un viaje trepidante hacia su lado oscuro, un viaje hacia su salvación.

LA AUTORA

Susana Rodríguez Lezaun (Pamplona, 1967) es periodista, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco. Ha trabajado en varios medios de comunicación a lo largo de su carrera hasta que, en el año 2015, publicó su primera y exitosísima novela, Sin retorno, un thriller ambientado en Navarra al que siguieron Deudas del frío (2017) y Te veré esta noche (2018). Estas tres novelas forman la trilogía del inspector Vázquez. Su última novela Una bala con mi nombre fue publicada en 2019. Es, además, correctora y editora de manuscritos originales y traducciones, trabajo que, junto con la creación literaria, han hecho posible que dedique su vida a los libros. Desde 2018 es la directora del festival Pamplona Negra.

José Javier Navarrete - blog de novela negra

JOSÉ JAVIER NAVARRETE

De la soledad a la locura

Es curioso que cuando estoy inmerso en la escritura de una reseña suelen aparecer noticias en la prensa, las cuales, de algún modo, me recuerdan a algún aspecto o personaje de la novela a reseñar. En esta ocasión fue un artículo de El País cuyo titular era Vivir sola es como una cuarentena permanente. Aquí la asociación era bastante obvia, ya que Zoe Bennett, la protagonista de Una bala con mi nombre, es una mujer solitaria, aunque en su caso la soledad es una elección, por lo tanto, menos dolorosa que aquella impuesta por las circunstancias, aun así:

Pero la soledad es una compañera ingrata, exigente, que te roba las palabras hasta dejarte muda, que te cubre el alma de polvo y moho, y que suele invitar a fantasmas indeseados cuando menos te lo esperas.

La soledad puede hacer vulnerables a las personas, el distanciamiento social puede distorsionar su percepción de la realidad, convirtiéndolas en presas fáciles para algún depredador desaprensivo tan abundante, por desgracia, en una sociedad en la que el egoísmo vacuna contra la empatía y la decencia.

Una pesadilla bien presentada es un sueño, al menos hasta que cae la venda de los ojos. Es lo que le ocurre a Zoe, una mujer solitaria e independiente de cuarenta años, cuando conoce a Noah Roberts, un joven de veintiséis, un regalo caído del cielo que no puede rechazar, un billete de ida hacia la locura. Es lo que tiene darse de bruces con un homme fatal.

Homme fatal

La femme fatale o mujer fatal hace referencia, según la RAE, a una «mujer seductora que ejerce sobre los hombres una atracción irresistible y peligrosa». Se trata de un personaje bastante recurrente dentro del género de la novela negra, sobre todo en sus inicios. Un arquetipo, que con las actualizaciones oportunas y un decapado machista, puede dar un juego increíble para crear el personaje de una mujer independiente y fuerte.

Este personaje ha existido desde que Eva sedujo a Adán para que comiese la fruta del árbol prohibido, pero fue durante el apogeo del cine negro cuando alcanzó su cenit. Hollywood la presentó como una demonización del comportamiento casero y sumiso que se le suponía a la mujer de la época. De aquellas películas surgieron mitos como el de Gilda, en la película del mismo título, o el de Cora en El cartero siempre llama dos veces, pero si tuviese que elegir un icono dentro de este tipo de personaje sería el de Kathie, en Retorno al pasado, interpretado por Jane Greer. Por cierto, una estupenda película que no deberías perderte. Eran todas ellas mujeres de belleza y sensualidad arrebatadoras, tan manipuladoras que no dudaban en llevar a los hombres a su perdición sin ni siquiera pestañear.

Pero ¿dónde está el homme fatal u hombre fatal? Supongo que el machismo se ha encargado de robárnoslo, aunque no del todo. En la literatura y el cine no es sencillo encontrar este tipo de personaje, al menos en su estado puro. No es tan difícil encontrar personajes masculinos que muestren ciertas características del modus operandi de la mujer fatal, pero es difícil encontrar uno con el equipamiento completo. Si quieres un análisis más pormenorizado te recomiendo que leas The homme fatal: reimagining a noir archetype, de Russ Thomas. Pero si lo que buscas es un ejemplo práctico de cómo podría ser uno, no puedes dejar de leer Una bala con mi nombre y no perder detalle del personaje de Noah, aunque tiene sus grises, nunca estarás seguro de nada.

¿Te parece interesante hasta ahora? Te lo parecerá más cuando sepas de que va la novela.

Siempre adelante

Uno de los aspectos más interesantes de la novela negra es el de poner a un personaje que lleva una vida normal ante una situación límite y ver como reacciona. ¿Y qué hay más límite que jugarse la vida?

No tenía ganas de llorar, no estaba triste. Estaba muerta.

Esto es lo que le sucede a Zoe Bennett; una mujer de cuarenta años que lleva quince separada y cuya vida orbita alrededor de su trabajo como restauradora en el Museo de Bellas Artes de Boston. Lleva la típica existencia anodina, de casa al trabajo y del trabajo a casa, sin nada que la saque de ella, sin echar de menos nada, al menos hasta que le ponen delante de las narices otra vida.

Esa otra vida se topa con ella en una fiesta en el museo. Trabaja de camarero, es guapo y seductor, mucho más joven que ella y se llama Noah. ¿Qué puede salir mal? Todo, solo falta que la invite a su arca y se hunda.

Tras el encuentro en la fiesta, comienzan una relación tan absorbente para Zoe que el trabajo pasa a un segundo plano. Se introduce en una pesadilla disfrazada de sueño sin darse cuenta, con la ceguera del amante desentrenado o de quien piensa que no puede dejar escapar ese tren, aunque siempre tenga la sensación de haber tomado el equivocado.

Las semanas siguientes transcurrieron en una plácida nube. Trabajaba con una sonrisa en los labios y me lanzaba escaleras abajo en cuanto terminaba mi jornada laboral para correr al encuentro de Noah, que me esperaba en el aparcamiento del museo junto a su moto. Paseamos por la playa, comimos, bebimos e hicimos el amor como si aquellos fueran nuestros últimos días sobre la tierra. Yo seguía teniendo mis dudas sobre la conveniencia de esa relación, pero era más fácil dejarse llevar por la marea de sensaciones placenteras. La otra opción era regresar a la soledad, el silencio y el ostracismo. Quería vivir. Por una vez, quería disfrutar de aquello que los demás parecían tener por derecho propio y que a mí se me había negado desde que podía recordar. O me lo había negado yo misma, no lo sé.

Ese tren tiene una parada en el museo en forma de robo de joyas y asesinato, perpetrados la misma noche en la que Zoe cuela a Noah en el museo cuando está cerrado al público. Tan solo pretende enseñarle donde trabaja, pero esta visita le complica la vida hasta el punto de verse en un callejón en el que solo puede ir adelante si quiere salvar la vida.

A partir de ese momento el tren vuelve a arrancar en un viaje hacia el lado oscuro de Zoe, donde las opciones en las bifurcaciones son una mala decisión u otra peor. Ese trayecto está plagado de obstáculos con forma de mafioso o policía corrupto, pero también de sorpresas que la harán replantearse en quién puede confiar. Es un viaje trepidante, plagado de momentos en los que la máquina, a la máxima potencia, se introducirá en túneles a punto de caer, pero que en ningún caso harán que Zoe se rinda. Siempre adelante.

El dolor me mantenía viva. Si dejaba de sentirlo, me habría dado igual lanzarme a las vías del tren.

Y el tren se dio con la topera

Como anuncié en la reseña de Corazones negros, tengo la pretensión de solucionar el desequilibrio de género que he detectado en algunas secciones del blog. Por lo pronto con esta reseña de Una bala con mi nombre, de Susana Rodríguez Lezaun, y para continuar con el cuestionario criminal al que amablemente se ha sometido Noelia Lorenzo Pino, aunque esto será en septiembre, después de las vacaciones que se tomará el blog, que no yo. En el apartado de lecturas pendientes tengo El sueño de la razón, de Berna González Harbour, la última ganadora del premio Dashiell Hammett con esta novela que reseñaré a la vuelta de vacaciones. Durante la recepción de esta distinción reivindicó: «Espero que no tardéis tantos años en dárselo a una mujer. Tiene que ser un premio para mujeres como lo ha sido para hombres durante décadas». Yo no doy premios, pero en lo que me atañe, tengo la intención de ponerme las pilas, así que de nuevo te invito a que me dejes en los comentarios recomendaciones de autoras españolas de novela negra.

Como ves por el título de la sección, el tren de Zoe ha llegado a la última parada. He disfrutado del viaje, aunque tengo que admitir que al principio al tren le costó coger velocidad y que hubo momentos en los que la ingenuidad de la protagonista me puso de mala leche, pero al final despertó:

Lo que antes me resultaba tan atractivo, ahora me parecía vulgar y chulesco.

En especial, me ha gustado el personaje de Noah, por lo que supone esa vuelta de género a un arquetipo tan tradicionalmente femenino.

Si te gusta el thriller, Una bala con mi nombre es una muy buena opción para que la incluyas en las lecturas de este verano. Está bien escrito y es muy rápido, disfrutarás de las peripecias de Zoe, si es que eres de los que te gusta ver sufrir a los personajes.

Susana Rodríguez Lezaun me ha dejado un buen sabor de boca, tengo pendiente la trilogía del inspector Vázquez, así que es muy probable que vuelva por estos lares. Si no has leído nada suyo puedes visitar su sitio web y disfrutar de los relatos que tiene en su blog, el otro día yo lo hice con El bosque de agua.

Ahora sí que el tren se ha dado con la topera. Cuídate, no te cortes y dispara.

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Las semanas siguientes transcurrieron en una plácida nube. Trabajaba con una sonrisa en los labios y me lanzaba escaleras abajo en cuanto terminaba mi jornada laboral para correr al encuentro de Noah, que me esperaba en el aparcamiento del museo junto a su moto. Paseamos por la playa, comimos, bebimos e hicimos el amor como si aquellos fueran nuestros últimos días sobre la tierra. Yo seguía teniendo mis dudas sobre la conveniencia de esa relación, pero era más fácil dejarse llevar por la marea de sensaciones placenteras. La otra opción era regresar a la soledad, el silencio y el ostracismo. Quería vivir. Por una vez, quería disfrutar de aquello que los demás parecían tener por derecho propio y que a mí se me había negado desde que podía recordar. O me lo había negado yo misma, no lo sé.

Fuentes de imágenes

Cubierta:
Diseño: Cristina Fernández
Ilustración: Joxan Glez. Arruti

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