Reseña de Tiempo de siega

Guillermo Galván

La España que no salía en el NO-DO

03/10/2019
Cubierta novela Tiempo de siega
FICHA TÉCNICA

Título: Tiempo de siega

Autor: Guillermo Galván

Nº de páginas: 480

Editorial: HarperCollins Ibérica

Fecha publicación: 20 de febrero de 2019

SINOPSIS

El cadáver de un cura aparece degollado en un portal con el paquete genital en la boca. Las Navidades de 1941 están a la vuelta de la esquina y las autoridades del nuevo Régimen quieren dar carpetazo al asunto cuanto antes. La mejor solución: liberar a Carlos Lombardi, expolicía criminalista condenado a Cuelgamuros por lealtad a la República. Su investigación en una serie de crímenes similares que tuvieron lugar durante la guerra le hace el más idóneo para el caso. El policía redimido formará un curioso equipo para tratar de detener al asesino. Junto a ellos nos moveremos por el Madrid de posguerra, entre espías alemanes y británicos, pero, sobre todo, entre miembros poco ejemplares de la Iglesia.

EL AUTOR

Guillermo Galván nació en Valencia en 1950. Aunque estudió ingeniería aeronáutica, pronto la abandonó para dedicarse al periodismo. Gran parte de su carrera transcurrió en la Agencia EFE. En 2005 aparcó esta profesión para dedicarse de lleno a la literatura. Desde su inicio en la narrativa ha publicado diez novelas con las que ha conseguido distintos galardones.

JOSÉ JAVIER NAVARRETE

Tiempo de siega es la décima novela de Guillermo Galván y la primera de una trilogía. Para los amigos de las clasificaciones, hay quién ha metido esta obra en el cajón del totalitarismo noir, tendencia dentro del género policial en la que se ambientan las tramas en regímenes dictatoriales: la Alemania nazi, la antigua URSS, la Cuba de Castro y, por supuesto, la España de Franco. Dejando al margen esta clasificación, el autor nos habla de su deseo de que fuese una novela negra, con todos los cánones y, por lo tanto, que la importancia del ambiente estuviese a la par de la de la trama policial.

Un comienzo de novela

       Viernes, 19 de diciembre de 1941

       La foto muestra al hombre tendido sobre un charco oscuro y un sombrero al fondo. La segunda detalla el cuello ensangrentado de la víctima y un profundo corte. Una tercera revela en primer plano el rostro del cadáver y la macabra protuberancia carnosa que sobresale de su boca. El resto de las fotos no necesita verlas. Deja caer el lote sobre la mesa y descuelga el teléfono.

Este es el comienzo de la novela y un juego del autor con la metaliteratura, ya que uno de los ayudantes de Carlos Lombardi, Ignacio Mora, quiere escribir una novela cuyo comienzo es este, pero en tiempo pasado.

       —No está mal esta descripción del caso Varela —aprueba Lombardi—, pero aún le queda muchísimo por conocer.

       —Y más por escribir, ya lo sé. Con su ayuda, todo se andará.

       —No confíe mucho en mi contribución. Por lo que veo, piensa escribirla en tiempo pasado.

       —Es lo habitual en nuestra narrativa.

       —Puede ser, ya le dije que no soy un experto en novelas. Pero los hechos están sucediendo ahora mismo, ¿no? En este caso, el presente me suena más directo, más real, más sincero. Y si esta historia exige algo es sinceridad. ¿No cree?

Y Galván debió responder que sí, porque Tiempo de siega está narrada en tiempo presente.

Los mártires de la Iglesia

Damián Varela, es el sacerdote cuyos atributos ornamentan su boca y la razón de que Carlos Lombardi abandone su cumplimiento de condena en Cuelgamuros, el valle donde se construye el monumento a los Caídos. Aunque su libertad no hubiese sido posible sin la intervención de Balbino Ulloa, excompañero del liberado y actual secretario del director general de Seguridad.

Una de las razones que empuja al secretario a tomar esta decisión es que Lombardi había investigado tres asesinatos que podrían estar relacionados con el actual. El primero ocurrió el mismo día del alzamiento y los otros dos durante el sitio de Madrid, cuando Lombardi era aún inspector de la Brigada de Investigación Criminal de la República. Se sospechaba que los tres crímenes habían sido cometidos por el mismo asesino, ya que guardaban similitudes en cuanto al ritual seguido y en los tres casos las víctimas habían sido religiosos. Otras de las motivaciones del secretario es devolver un favor que debía a Lombardi de aquella época. Había sospechas de que el entonces inspector jefe no era leal a la República y fue Lombardi el que dio la cara por él. Una última razón es que Lombardi es un buen policía y Ulloa no tiene la menor duda de que es el más adecuado para resolver el caso.

¿Qué saca Lombardi de esto?

       —¿Significa que quedo en libertad? —pregunta por fin.

       —No exactamente. Digamos que estarás en comisión de servicio. Y quién sabe: si tienes éxito, hasta podría gestionarse un indulto.

       —Y una mierda. Este asunto es cosa suya.

Lombardi no cree en las palabras del secretario, pero al menos durante un tiempo estará libre y, sobre todo, tendrá la oportunidad de hacer justicia a esas cuatro víctimas. Víctimas que para el nuevo Régimen son mártires caídos a manos de las hordas marxistas, pero que para Lombardi no son más que el resultado de cuatro asesinatos comunes.

¿Esto es un equipo policial?

A Lombardi le gusta trabajar solo:

       —Ese no necesita ayuda alguna para hacer el ridículo. Y yo trabajo así: yo me lo guiso y yo me lo como. Lo sabe desde hace muchos años. Si no le interesa, devuélvame a la jaula.

Pero un caso tan complicado no es para una sola persona. Poco a poco se forma un grupo tan dispar como el de la comunidad del anillo.

La primera en engrosarlo es la falangista Alicia Quirós. Subinspectora de segunda del cuerpo de Administración, destinada en el gabinete de identificación y con funciones de secretaria. Experiencia en homicidios: haber visto algún cadáver. El anacronismo que supone una mujer trabajando en un homicidio en aquella época es buscado por Galván, y en sus propias palabras, una apuesta suya.

El siguiente en formar parte del grupo es Ignacio Mora, un joven proyecto de periodista con sueños de escritor. Su edad parece en su contra, pero su desparpajo y algún buen contacto harán de él un buen ayudante.

El último en incorporarse es Andrés Torralba, Guardia de Asalto con la República y apestado del nuevo Régimen. Salvado de la quema por la familia de Quirós, los cuales fueron escondidos por Torralba durante toda la guerra.

¡Rojo! No olvides que soy tu jefe

En representación de la policía de aquella época, Luciano Figar es el inspector jefe del que depende directamente Lombardi. Abastecedor de trabas y dedo en el ojo del protagonista. Aficionado al vino y en su cargo actual por conocimientos, o más bien los de su familia dentro de las jerarquías de la nueva España. Arquetipo de antagonista antipático y principal fuente de problemas para Lombardi. En pocas palabras, el encargado de hacer las zancadillas.

Las alcantarillas de la Iglesia

Uno de los pilares de la España de Franco se tambalea. La Iglesia no queda bien parada en esta novela. Desde organizaciones cercanas a una secta, como Mediator Dei (no sé a qué me suena), a miembros de la Iglesia capaces de las mayores vilezas.

Los supuestos mártires del crucifijo huelen a podrido, seguramente porque las sotanas no ahuyentan los pecados. 

La Nueva España

Carlos Lombardi lleva más de dos años fuera de circulación. Sabe de los pesares de aquellos que cumplen condena y de los que esperan el paseo hasta la tapia del cementerio. Lo que no sabe es que existe otra condena para los perdedores que no han dado con sus huesos en la cárcel. Así se lo explica a Leocadio Lobo, un sacerdote antifranquista que ha tenido que exiliarse:

       Es difícil expresar con calma lo que sufre nuestra tierra. Miedo, miseria, cárcel, enfermedad, humillación, amenaza y permanente sospecha son palabras vacías hasta que uno las lee en los ojos de nuestra gente, grabadas a fuego en sus cuerpos. Supongo que usted encontrará consuelo a tanto dolor más allá de las estrellas, pero yo, como fiel descreído, me limito a preguntarme si existe algún rincón en el alma humana donde puedan convivir el dolor y la esperanza, la ansiedad y la alegría; si tengo derecho a creer en la vida cuando mis vecinos visten de luto y aquello que consideraba mi país ha sido asesinado.

Ruinas de la Ciudad Universitaria de Madrid posguerra
Ruinas edificios de Madrid posguerra

Galván, a través de los ojos de Lombardi, presenta un Madrid de posguerra en ruinas, la de los edificios y la de los perdedores. Es un retrato oscuro de una nueva España en la que el policía ya no se reconoce, en la que los nuevos valores no son los suyos. Debe acostumbrarse a llamar a las cosas por sus nuevos nombres, al igual que debe acostumbrarse a los nuevos nombres de las calles.

Para terminar

A pesar de que Galván pretenda que la trama policial no cope toda la atención del lector, es difícil abstraerse de ella. Desde que comencé con la lectura necesitaba saber qué es lo que había motivado los crímenes. El autor juega con el lector y tan pronto te hace pensar que los asesinatos están relacionados con el tráfico de obras de arte como con el espionaje, pero habrá que esperar al final del libro para saber cuál de todos los posibles móviles del asesino es el verdadero.

Es una novela que toca muchos palos, desde las desavenencias dentro de La Falange a los sobornos de los generales de confianza del régimen por parte de los británicos. Hay también pequeños guiños a las redes de fuga que pasaban por el salón de té Embassy. Tampoco podía quedar de lado la Segunda Guerra Mundial y el nido de espías en el que se había convertido Madrid.

 Tengo en esta novela un interés especial, por la época en la que se desarrolla y porque el protagonista es un policía. No podría ser de otra manera, nada de lo que en ella se narra me resulta ajeno, llevo años documentándome y escribiendo sobre ello. Mi novela, ambientada un año antes, trata muchos de los temas que aparecen en Tiempo de siega, también comparte alguno de los personajes reales, como Lazar. Me ha resultado curioso transitar por lugares que ya había visitado en palabras de otro.

 La lectura de la novela ha sido muy amena e instructiva. Totalmente recomendable para los amantes del género y para aquellos interesados en acercarse a aquellos años oscuros que algunos pretenden tapar con el olvido. Esperaré con impaciencia las siguientes entregas de esta trilogía.

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Fuentes de imágenes

Fotografía de cabecera:
Autor: Neticola
Título: Valle de los caidos
Licencia: by-nd 2.0

Ilustración de cubierta:
Diseño: Lookactia
Fotografía: ThinkstockPhotos

Fotografías ruinas:
Autor: Otto Wunderlich
Título izquierda: Vista de edificios en ruinas de la Ciudad Universitaria
Título derecha: Vista parcial de un edificio en ruinas con carteles anunciando diversos espectáculos pegados en sus muros
Derechos de autor: Instituto del Patrimonio Cultural de España
Licencia: by-nc-nd 4.0

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2 Comentarios

  1. José Eugenio Abajo Alcalde

    Estupenda reseña para una novela genial.

    Responder
    • José Javier Navarrete

      Muchas gracias. Encantado de que te hayan gustado ambas y también de que seas la primera persona que deja un comentario en el blog. Espero seguir viéndote por aquí.

      Responder

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