Reseña de Soledad

Carlos Bassas del Rey

La nena está muerta

24/10/2019
Cubierta novela Soledad
FICHA TÉCNICA

Título: Soledad

Autor: Carlos Bassas del Rey

Nº de páginas: 184

Editorial: Editorial Alrevés

Fecha publicación: mayo de 2019

SINOPSIS

Soledad es un viaje interior por los distintos estados de ánimo provocados por la muerte de un ser querido. Dolor, culpa, rabia, odio, soledad… un desgarrador itinerario por las zonas más oscuras de la existencia.

EL AUTOR

Carlos Bassas del Rey (Barcelona, 1974) es licenciado en Periodismo y doctor en Ciencias de la Información. Periodista, guionista, director de cine, profesor y, lo que aquí nos interesa, escritor. Tiene seis novelas negras (incluidas las del inspector Herodoto Corominas) y cinco ambientadas en el Japón de los samuráis (incluida una novela corta que publicó junto a las de otros dos autores). Ha sido director del festival Pamplona Negra entre 2015 y 2018. Ganador del Premio Hammet 2019 con la novela Justo.

JOSÉ JAVIER NAVARRETE

Es difícil encontrar dentro del género una novela como Soledad. Se trata de una propuesta alejada de los patrones a los que estoy acostumbrado, una lectura en la que la introspección de los personajes soporta todo el peso de la novela.

Es una apuesta arriesgada que saca al lector de su zona de confort y puede hacerle abandonar la lectura. Si te decides a leerla, y mi consejo es que lo hagas, te encontrarás con una novela difícil de digerir a pesar de su brevedad.

Puede incluirse dentro del género porque la historia está vertebrada en torno a la investigación de un asesinato, pero fuera de eso poco más nos hace pensar que estamos ante una de policías y asesinos. Las emociones y los sentimientos son los verdaderos protagonistas y nos convierten en espectadores de dos maneras diferentes de gestionar el dolor por la pérdida.

La nena está muerta

No hay mejor manera de resumir la novela que con la advertencia que Carlos Bassas realiza al comienzo de la misma:

      Esta es la historia de un crimen.
      Esta es la historia de dos fantasmas.
      Esta es la historia de cuatro muertos.

      Esta también es una historia de:
      Muerte.
      Culpa.
      Soledad.
      Dolor.
      Vacío.
      Miedo.
      Odio.
      Rabia.
      Venganza y…
      Verdad.

      A partir de aquí, el lector solo encontrará tristeza.
      Avisado queda.

Que conste que no trato de escaquearme, pero cuando un trabajo está bien hecho tan solo es posible estropearlo. Hecha esta advertencia, no tan buena como la del autor, me tiro a la piscina.

La novela gira alrededor de los sentimientos desatados por el asesinato de Abagail, una chica (nena en boca de su madre) de catorce años. Su cuerpo ha sido encontrado en el parque Gaviria, cerca de La Bachata, una conocida sala de fiestas.

No presenta signos aparentes de violencia, tan solo una uña rota y las marcas de una bofetada. La muerte parece accidental, en la caída se ha golpeado la cabeza con una piedra.

Alguien la ha peinado y ha estirado su vestido:

       blanco con flores azules, azul con flores blancas

Nada indica que sea la obra de un agresor sexual. 

Tampoco parece la víctima de un robo, lleva todo excepto el móvil, lo que resulta extraño en una chica de su edad:

      Las niñas de la edad de Abigail viven en el interior de sus dispositivos electrónicos. Allí se sienten seguras. Allí está todo lo que necesitan: amigos, novios, amantes, verdades, mentiras, secretos, amores, odios, vergüenzas; el universo reducido a una composición simple de ceros y unos y ceros y unos y ceros.

Soledad, qué bonito nombre tienes

El asesinato quiebra la existencia de Soledad, la madre de Abigail. Tal vez debería utilizar la palabra castigo en lugar de existencia. Soledad es una inmigrante que malvive con su marido, su suegra y, hasta hace poco, con su hija. Cuando tenía la edad de la nena fue violada por el que sería su marido y se casaron porque él y su suegra necesitaban a alguien que cuidase de ellos. Es una criada fuera y dentro de casa. La única fuente de ingresos y la víctima de un violento marido aficionado al alcohol y las putas.

Aunque sus desgracias son tan antiguas como su vida:

       Vuelves a escarbar en tu memoria, pero eres incapaz de recordar nada que no sea el hambre, el frío, el dolor, la tristeza, la soledad de entonces.
       Apenas recuerdas el rostro de tu padre, tampoco el de tu madre. Solo recuerdas la boca de la mina, el agujero en la ladera por el que descendías a las entrañas de la Tierra mirando hacia atrás, siempre esperando el día en que se cerrara.
       «A Jonás lo engulló una ballena, a ti te devorará el Cerro si no te portas bien», te decía tu madre.
Esa fue su principal herencia: el miedo. Y tu nombre, Soledad, su condena.

Soledad mira hacia atrás y todo es negro, ¿podría ir peor? Claro que sí, no hay nada más negro que un futuro sin esperanza, sin ni siquiera la esperanza de que la muerte la libere, porque Soledad está muerta como su nena.

Romero y sus fantasmas

Romero es el inspector encargado del caso, o como él diría, de un nuevo fantasma. Es un policía de la vieja escuela, de los que no dudan en apretar las tuercas para conseguir el fin. Se acerca al arquetipo de la novela negra y rechaza el método científico para resolver sus casos.

       Romero especula ahora [no es un científico, su día a día no se sustenta sobre certezas, solo en la experiencia, en el conocimiento del alma humana que ha ido acumulando]

El dolor es parte de su vida y no sabe muy bien cómo gestionarlo, tal vez por eso se exceda de vez en cuando en su trabajo policial.

Dualidad

En el punto de vista, en el tipo de narrador y en la manera de llevar el dolor.

Doble punto de vista

Vamos avanzando hacia la resolución del caso en una sucesión de capítulos en los que el punto de vista se va alternando entre Soledad y Romero. La información se solapa, incluso asistimos a la misma escena con dos miradas diferentes. Podría resultar reiterativo, pero no es tan importante lo que sucede como las consecuencias en los estados de ánimo de ambos protagonistas.

Doble narrador

En los capítulos de Soledad se utiliza un narrador en segunda persona. Es un tipo de narrador al que no estoy acostumbrado. Me resultó incómodo hasta que me fui acostumbrando. Esta incomodidad me hizo empatizar con Soledad, aunque su incomodidad es otra. La suya es la que mana de la culpabilidad y la vergüenza. Vergüenza de su hija y propia:

       Aunque lo que más temías era que empezara a avergonzarse de ti como te avergüenzas tú cuando escondes las manos cuarteadas por la lejía, las uñas cortas y dañadas, los zapatos viejos, la ropa de bordes gastados por la calle, en el metro camino de casa.

Por otro lado, los capítulos de Romero están narrados en tercera persona y me han permitido el respiro necesario al intercalarlos Bassas entre los de Soledad.

Los itinerarios del dolor

Dos trayectos, un mismo punto de partida: el dolor por la pérdida. La novela es el viaje a través de ese dolor, recorrido paso a paso, sobrellevado a veces con la enajenación y otras con la violencia.

Las reiteraciones

La misma estructura de la novela es reiterativa, dada la narración de los mismos hechos desde puntos de vista diferentes. Pero la repetición también tiene lugar con los objetos. El vestido blanco con flores azules, azul con flores blancas no deja de aparecer a lo largo de toda la novela, lo mismo sucede con los zapatos de tacos altos. 

Los zapatos son el regalo de Soledad a Abigail por su decimocuarto cumpleaños. Un símbolo del paso de niña a mujer, del alejamiento de la hija y la madre, y también, de una situación económica resumida en que los zapatos son el único dispendio que la familia puede permitirse durante un año.  

También las palabras se reiteran, pero sobre todo una: culpa. En algún momento el autor nos regala con una retahíla de: «La culpa es tuya», pero son muchas más las veces que aparece y no solo en boca de Soledad.

Los corchetes

Este es otro de los artificios que enseguida llamó mi atención. La decisión de utilizarlos me tenía intrigado, pero gracias a YouTube, salí de dudas. Encontré una entrevista que Carlos Zanón hizo a Carlos Bassas con motivo de la publicación de Soledad. En dicha entrevista Zanón preguntó a Bassas por el motivo del uso de los corchetes y este último argumentó lo siguiente:

  • Alivio para el lector por esa segunda persona. La narración se frena un poco pero sin detener el ritmo creado.
  • Poder meter cosas que de otra manera sería difícil.
  • El uso de los corchetes en lugar del paréntesis o el guion es un muro físico que le permitía realizar ciertas reflexiones.
  • Homenaje al guion: meter nombre, edad y otros detalles del personaje que es muy típico en los guiones.

Te recomiendo ver la entrevista si estás interesado en conocer más sobre el autor y la novela, eso sí, mejor después de haberla leído. Hay algún detalle que desvela más de lo necesario, aunque tal vez solo sea reconocible para alguien que esté al tanto de lo narrado.

Adiós, Soledad, hasta luego, Carlos Bassas

Se trata de una novela negra, y no tanto en referencia al género como al poso que queda después de haberla leído. No es una lectura para cualquiera, sobre todo si esperas encontrar lo que hasta ahora venía haciendo Carlos Bassas. Esto último no lo digo yo, que tan solo he leído Justo, lo dice el autor. Estas dos novelas son apuestas suyas que los editores de Alrevés han tenido a bien publicar porque sin duda lo merecían.

No sé cuál será la línea futura de Bassas, pero espero que vaya más en la línea de Justo, ganador del premio Hammett a la mejor novela negra de 2018. A mi edad necesito menos introspección y más acción, que me obsequien alguna sonrisa y que mi alma negra tenga algún respiro. En cualquier caso, estaré preparado para la próxima cita con Carlos Bassas.

A pesar de los achaques derivados de la edad, esta novela me ha regalado un escalofrío por la espalda que hace mucho tiempo no sentía con una lectura. No son muchos los momentos en los que la ficción escrita produce en mí empatía con los personajes, pero hubo ciertos pasajes en los que estuve en la piel de Soledad. Cuando la ingratitud y el avergonzamiento por alguien se dan la mano, produce en mí una reacción de ternura hacia el objeto de la vergüenza y un deseo irreprimible de ajustar las cuentas al ingrato. Esa sensación agridulce me la ha producido algunas de las cavilaciones de Soledad, mucho más que puedo decir de otras lecturas que han conmovido a millones de lectores.

Una novela muy recomendable, aunque tal vez no sea la mejor para un día de playa. En definitiva, un placer que necesito racionar: no estoy preparado para este nivel de intensidad. ¿Lo estás tú? Házmelo saber en los comentarios.

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Fuentes de imágenes

Dibujo niña a partir de:
Autor: Clker-Free-Vector-Images
Alojamiento: Pixabay

Ilustración de cubierta:
Autor: Carlos Bassas del Rey

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