Reseña de El sueño de la razón

Berna González Harbour

Obsesiones

15/10/2020
Cubierta reseña El sueño de la razón
FICHA TÉCNICA

Título: El sueño de la razón

Autora: Berna González Harbour

Nº de páginas: 416

Editorial: Ediciones Destino

Fecha publicación: marzo de 2019

SINOPSIS

La comisaria Ruiz ha sido apartada del servicio, pero esto no es obstáculo para que se embarque en una investigación paralela cuando aparece el cuerpo de una joven en uno de los puentes del río Manzanares. Prepárate para recorrer en bicicleta el legado de Goya en Madrid y la cara B de la ciudad.

LA AUTORA

Berna González Harbour (Santander, 1965) es una escritora española de novela negra, creadora de la comisaria Ruiz y una de los “nueve novísimos” de la literatura española negrocriminal según el canon Sangre en los estantes, de Paco Camarasa. Finalista del Premio Dashiell Hammett 2018 con Las lágrimas de Claire Jones (Destino), es premio de los libreros de Cantabria y miembro de diversos jurados literarios, tiene cinco novelas publicadas y frecuentes participaciones en Antologías y festivales del género.

El sueño de la razón (Destino, 2019) es la cuarta entrega de la comisaria Ruiz (ganadora del Premio Dashiell Hammett 2020), precedida por Las lágrimas de Claire Jones (Destino, 2017), Margen de error (RBA, 2014) y Verano en rojo (RBA, 2012). También es autora de Los ciervos llegan sin avisar (RBA, 2015). Es periodista, analista política y colaboradora cultural. Es subdirectora de EL PAÍS, donde ha trabajado en la sección de Opinión, anteriormente ha sido Editora de Babelia y enviada especial a numerosos países en conflicto. Escribe en Cultura, Babelia y Opinión, colabora en la revista cultural Zenda y participa habitualmente en la tertulia de Hora 25, en la cadena SER.

José Javier Navarrete - blog de novela negra

JOSÉ JAVIER NAVARRETE

Ganadora del premio Hammett 2020

El sueño de la razón ha sido la ganadora del premio Dashiell Hammett a la mejor novela negra de 2019. El galardón fue fallado durante la Semana Negra de Gijón de 2020. Este fue uno de los motivos por el que decidí leer esta novela. Otro fue el compromiso de igualdad de género que me propuse tiempo atrás llevar al blog. Pero, quizás, el más determinante es que conozco a Berna González Harbour desde hace mucho tiempo por sus colaboraciones con el periódico El País, sobre todo sus vídeos de ¿Qué estás leyendo?, sección que visito con bastante asiduidad.

Como estos, tal vez, no son motivos para que la leas tú, espero darte los suficientes antes del final de la reseña para que te animes a hacerlo.

El sueño de la razón produce monstruos

Es algo más que una novela negra

Como ya he dicho en alguna ocasión, disfruto de la oportunidad que brinda la literatura para la adquisición de conocimientos. Por este motivo hubo un tiempo en el que fui un gran aficionado a las novelas históricas. Me dirás que siempre es mejor acudir a una crónica histórica, no te quitaré la razón; pero soy como el niño al que no le gusta tomar una medicina y se la presentan de manera que le parece irrechazable.

En el caso de El sueño de la razón he podido disfrutar de las píldoras sobre Goya y su obra, que Berna González Harbour ha diseminando en esta magnífica novela negra, dosificadas con maestría para evitar el empacho. Me gusta la pintura, pero tengo que confesar que no destino nada del tiempo de ocio a ella. Así que esta manera de consumirla me ha parecido divertida. ¿Cómo no dedicarle algún tiempo a investigar las obras que se mencionan en la novela? Pensé que descubriría algún detalle en ellas que me podría llevar a una clave de la investigación. ¿Fue así? Tendrás que descubrirlo por ti mismo.

Aunque no entraré en detallar cuales son estas obras, no me puedo marchar de esta sección sin hacer antes una referencia al grabado El sueño de la razón produce monstruos. ¿Tiene algo que ver con el título de la novela? Sí, también con la novela en sí misma, porque cuando la razón duerme la locura se apodera de su universo.

¡Vamos a la chicha!

El sueño de la razón es la cuarta entrega de la comisaria María Ruiz. Como insumiso recalcitrante del orden, lo he vuelto a hacer y he empezado por esta. Aunque las relaciones, personales y profesionales, de los personajes son de largo recorrido y la situación en la que se encuentra la comisaria viene de la entrega anterior, si eres de los míos, no te preocupes, Berna González Harbour no da motivos para perderse.

El sueño de la razón es una novela dividida en cinco partes, cada una de las cuales comienza con una entrada del Álbum Y. Se trata de una referencia a los álbumes de dibujos de Goya, algunos de los cuales fueron catalogados con letras de la «A» a la «H». El libro termina con una sexta entrada. Te recomiendo que las leas con atención, en especial, la última.

Y ahora, de cabeza al argumento. La comisaria Ruiz se encuentra en Madrid preparando su defensa tras haber sido suspendida. Son las fiestas de San Isidro en la capital y aparecen unos animales muertos. De este asunto opina un camarero alemán que atiende a la comisaria Ruiz en una terraza cercana al río Manzanares:

        —Es un asesino en serie de animales. España está llena. Los toreros también lo son. Y quien puede matar animales, puede matar personas.

No le falta razón. Poco después aparece el cuerpo de una joven becaria de Historia del Arte. A partir de este momento, la comisaria Ruiz se ve inmersa en una carrera, en bicicleta en su mayor parte, para atrapar al responsable del crimen. Sin las rigideces del cuerpo, pero también sin el apoyo, inicia una investigación paralela que agrava aún más la situación precaria de su carrera profesional.

Esta investigación la lleva hasta el legado de Goya y a las distintas caras de Madrid. Pasa del «de Madrid al cielo», del dramaturgo Luis Quiñones de Benavente, al «Es una mierda, este Madrid», de mis queridos Leño:

No parecía pobre, pero hacía tiempo que en Madrid las basuras no eran ya patrimonio de mendigos ni del reciclado, sino de abuelos y buscones en general que rescataban alguna ropa, periódicos o comida en buen estado para rematar la pensión o el trapicheo.

Por liberal

La razón sueña con la justicia

La policía nunca debe olvidar que presta un servicio a la ciudadanía. No al político de turno ni a uno mismo. Por este motivo y otros, pienso que es mejor que sus miembros pertenezcan a ella por vocación. Sin duda, la comisaria Ruiz tiene mucho de esto último, incluso, demasiado. Cuando se da esta circunstancia, no se puede dejar de ser policía, no te levantas un día y has dejado de serlo, aunque te lo impongan; que es lo que ocurre con ella.

La comisaria Ruiz no puede evitar buscar la verdad, aunque vaya en contra de su futuro profesional. Tiene una vista para la revisión de su suspensión y un abogado más preocupado por su situación que ella misma. No debería investigar; pero no sabe o no puede quedarse al margen. Además, en el viaje en el que se embarca no solo está en juego su carrera, también su integridad. Sin pistola ni placa, se siente libre para afrontar las situaciones sin la rigidez de la institución a la que por lo pronto aún pertenece. Pero como contrapartida se encuentra sola, ya no tiene a su equipo para que la apoye, aunque en algún caso cuenta con alguno de ellos, sobre todo Martín. Esta soledad la expone a situaciones comprometidas, ya que su oponente está obsesionado con su objetivo y dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo. Pero la comisaria también, y cuando la razón sueña con la justicia los obstáculos dejan de ser insalvables.

El ímpetu que le da esta idea, hace que la comisaria tome decisiones que, en algún caso, pueden suponer un dilema moral; otras, un riego difícil de asumir. Pero María Ruiz es una dama andante que ha cambiado el corcel por una bicicleta y la armadura por una camiseta sudada, un pantalón corto y unas deportivas. Así se enfrenta a una aventura con la ayuda de un escudero muy especial. Juntos recorren la cara B de Madrid.

Pero ella había estado debajo, en los sinuosos pasajes oscuros donde lo largo, lo ancho y lo profundo se mezclaban en sus tres dimensiones en completa oscuridad, regado además por circuitos de agua escurridiza y fría.

Lugares, en los que, según la canción de Leño, «ni las ratas pueden vivir», pero sí las personas.

Monta jaleo en la calle, OKUPACIÓN ♫

Soy un viejuno, no puedo negarlo, tampoco puedo resistirme. Si escucho la palabra okupación me viene a la cabeza la canción del grupo Barricada. Eran otros tiempos, aquellos en los que el movimiento okupa tenía cierto halo de romanticismo. Por entonces, la mayoría de las acciones de estos grupos se dirigían a la recuperación de espacios abandonados para darles un uso colectivo. Detrás de aquellas acciones había una clara finalidad reivindicativa. No solo era un fin, sino un medio para denunciar situaciones, la más evidente, la dificultad de acceso a la vivienda, sobre todo de los más jóvenes. Pero también se pretendía dar un uso a los espacios con una oferta cultural que en los circuitos habituales no tenía cabida. Eran centros sociales que servían de lugar de reunión para movimientos feministas, anticapitalistas o ecologistas.

Te preguntarás que tiene esto que ver con El sueño de la razón. No, no se me ha ido la cabeza; uno de estos centros era La Dragona, desalojado a finales de 2019, y tiene un peso importante en la novela de Berna González Harbour. En las actividades de este centro social participan varios de los personajes de esta historia y la protagonista lo visita con asiduidad.

Entre estos personajes hay dos fundamentales. Por un lado, está Saramú, la primera víctima. Pero ella es mucho más que una okupa:

Saramú tenía una causa y esta era reivindicar el arte sin dueños, sin patrimonios, sin precio, el arte al alcance de todos. Compartir la genialidad y dejar pasar la mirada de todos hacia obras que habían denunciado la crueldad, la Inquisición, la discriminación, el abuso de unos sobre otros y también la diversión, la hermosura, la juventud. Sin dueños ni filtros. «Soy Saramú y soy activista visual», se presentaba en las grabaciones antes de cada actuación.

Está obsesionada con Goya y hay obsesiones que matan.

Sino en la obsesión y en la obsesión. En la obsesión por Goya y en la obsesión por reivindicarlo. En la obsesión por compartirlo y en la obsesión por comprenderlo. En la obsesión por abarcarlo y en la obsesión por llevar a la realidad su sueño de Ilustración, de libertad y de luz.

El otro personaje es el escudero de María, Eloy, un crío que no aparenta más de quince años. A pesar de la edad, se convertirá en un aliado indispensable para la comisaria Ruiz. Tiene las ideas muy claras, en especial, las referentes al consumismo y a la alimentación:

        —Nadie necesita gastar —dijo Eloy—. Y además soy vegano.

Representa esa tendencia hacia el minimalismo, la que busca la sostenibilidad y la reducción del impacto del ser humano. Es un chico taciturno, también entrañable, al que envuelve un halo de misterio. En torno a él queda algún asunto pendiente, por lo que no descartaría que pudiese aparecer en alguna otra entrega de esta serie.

La reinvención del periodismo

A lo largo de la novela asistiremos a un enfrentamiento amistoso entre dos modos de hacer periodismo. Por un lado, tenemos a Luna, un periodista de la vieja escuela, experimentado e insumiso tecnológico. Después de más de cuarenta años de oficio se siente relegado:

«Ya solo me quieren para reportajes de tetudas. Digo de emprendedoras.»

El vil metal lo tienta a pasarse al del lado oscuro, el del control de la información, pero aún se siente enganchado a su profesión, a pesar de que ponga en duda de que el periodismo siga existiendo:

No había noche de copas en la que no llorara por el fin del periodismo de verdad, y si ahora se pasaba al lado oscuro no iba a renunciar a él, porque ya había desaparecido. Ya no existía. Se acabó. It’s over. Gilipollas.

Por otro, tenemos a Nora, una estudiante de periodismo amiga de Luna. Se maneja como veterana en su joven periódico digital. Tiene el dinamismo que le falta al viejo periodista y se adelanta a él en algunas ocasiones.

Son el antes y el ahora del periodismo. El papel e internet. El paso del quiosco a la suscripción digital. Mantienen una relación de competencia y colaboración, pero también, en palabras de María:

era notorio que entre él y Nora había chispas que seguramente desbordaban la sintonía profesional.

En cualquier caso, se muestran como dos grandes aliados durante la investigación de la comisaria.

Me bajo de la bicicleta

Me he cansado de dar pedales, aunque tengo que confesar que me he divertido en este viaje. Rock urbano, centros sociales okupados… ¡Qué tiempos aquellos! Además, El sueño de la razón, también tiene sus pequeñas dosis de humor.

Como en la buena novela negra, lo importante no es quién, sino por qué. El título de la novela es una pista de valor inestimable. No hay grandes sorpresas, no se trata de descubrir al criminal en el último suspiro, para eso están otro tipo de novelas. Aunque hay sorpresas de otra clase. En este sentido, tengo que decir que Berna González Harbour deja las miguitas para que lo que sucede no parezca un as sacado de la manga.

Es esta una novela de obsesiones. Para empezar la de Goya, en especial la de la etapa de las Pinturas negras. La de Saramú, la víctima, obsesionada con el pintor y el arte sin dueños. La de Eloy con una existencia minimalista. La del oponente de la comisaria con su propia obra. Y para acabar, la de María, con la búsqueda de la verdad y la justicia.

Como dijo Raymond Chandler en El simple arte de matar: «Hammett extrajo el crimen del jarrón veneciano y lo depositó en el callejón». Berna González Harbour te lleva de la mano de la comisaria por el submundo de un Madrid cuya existencia muchos desconocemos.

Espero haberte abierto el apetito lector con la reseña. A mí se me despertó con la lectura de El sueño de la razón, las novelas de la autora pasan a mi pila de pendientes. Si eres de los que las han leído, te agradecería que en los comentarios me recomendaras alguna en especial o, si lo prefieres, me hables de lo que te han parecido.

Ahora sí que me bajo de la bicicleta. Cuídate, no te cortes y dispara.

Apúntate a mi newsletter

Recíbe un adelanto de las novedades del blog.

Fuentes de imágenes

Fotografía de cabecera:
Autor: Antonio Fernández
Título: Puente de Segovia
Licencia: by-nc-nd 2.0

Fotografía de cubierta:
Autor: Ibai Acevedo

También te puede interesar

0 comentarios

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre Protección de Datos

Responsable: José Javier Navarrete Marín
Finalidad: Gestión de los comentarios.
Legitimación: Consentimiento del interesado.
Destinatarios: Hosting: SiteGround Spain S.L.
Derechos: A acceder, rectificar y suprimir los datos, así como otros derechos detallados en la información adicional.
Información adicional: Política de Privacidad

 

Pin It on Pinterest

Share This