Reseña de La ceguera del cangrejo

Alexis Ravelo

De lo cercano y lo oculto

30/04/2020
Cubierta novela La ceguera del cangrejo
FICHA TÉCNICA

 

Título: La ceguera del cangrejo

Autor: Alexis Ravelo

Nº de páginas: 360

Editorial: Ediciones Siruela

Fecha publicación: abril de 2019

SINOPSIS

Ángel Fuentes es un militar que llega a Lanzarote con la intención de seguir los últimos pasos de su pareja sentimental, Olga Herrera, fallecida en un absurdo accidente mientras ultimaba una biografía sobre César Manrique. Ángel está convencido que la verdad sobre esta muerte es otra y tratará de averiguarla.

EL AUTOR

Alexis Ravelo (Las Palmas de Gran Canaria, 1971) es un escritor y dramaturgo, formado en diversos talleres de escritura. Tiene libros de relatos, infantiles y novelas. Su obra es tan amplia que tan solo destacaré La estrategia del pequinés (Alrevés, 2013), ganadora del premio Dashiell Hammett, el Novelpol y el LeeMisterio; La última tumba (EDAF, 2013), ganadora del XVII Premio Ciudad de Getafe de Novela Negra; y su última novela La ceguera del cangrejo (Siruela, 2019).

José Javier Navarrete - blog de novela negra
JOSÉ JAVIER NAVARRETE

El arte de titular

La ceguera del cangrejo es una buena novela, empezando por el título. No sé si para ti, pero para mí es un el título elemento importante. A veces es una sugerencia, otras un enigma que quiero desvelar. Hay personas que tienen un don para buscar títulos y otros, como yo, que somos bastante negados. Tal vez por eso tenga cierto sentido lo que te quiero contar o tal vez es que solo quiero soltarte un rollo.

Desde septiembre del año pasado, siempre que pienso en los títulos de libros, películas u otras creaciones me viene a la mente el sonido de la lluvia torrencial golpeando un tejadillo. También me viene el calor insoportable de una sala repleta de gente. Estas asociaciones son debidas a que asistí a un taller publicitado como: Cómo titular un cuento, una novela y en él se dieron ambas circunstancias. Puede que siempre espere demasiado de los talleres literarios o tal vez es que sus títulos sean engañosos y poco o nada tengan que ver con sus contenidos, el caso es que este, como casi todos a los que he asistido, me defraudó, pero la asociación está ahí.

La búsqueda del título de un artículo, un cuento, una novela u otro tipo de obra escrita me parece un arte. Concentrar en pocas palabras el espíritu de cientos o miles de ellas es difícil. Mostrar lo suficiente sin desvelar demasiado es siempre un equilibrio difícil de conseguir. El título puede ser a veces una especie de piedra de Rosetta que ayuda a desentrañar lo que se cuenta. Oí decir a Antonio Muñoz Molina, en referencia al cuento No oyes ladrar los perros de Juan Rulfo, que en el título está la clave de la historia.

La ceguera del cangrejo me parece un buen título, tengo que confesar que cuando la lluvia torrencial y el calor cruzaron mi mente no tenía muy claro a que podía hacer referencia, pero cuando llegué a la parte en la que queda claro el porqué, me dije: «muy bien puesto». Si como a mí te gusta investigar sobre lo que hay detrás de los títulos, en este caso en concreto tendrás que leer la novela hasta el final y ver si es del tipo piedra de Rosetta o de otro.

Ya que me he despachado a gusto con el tema del título paso a contarte de que va la novela, si te has quedado con ganas de más rollo, no te preocupes que hoy tengo para rato.

Sin poder decir adiós

Lo siento, pero desde que comenzó la pandemia no puedo evitar que mis entradas se impregnen de alguna manera de ella y hoy no va a ser una excepción. Por fortuna va remitiendo y espero que pronto te libres de mis asociaciones, pero por lo pronto aquí va la siguiente.

Mientras escribía esta reseña, aparecían en los medios las noticias de que muchas de las instalaciones que de modo excepcional pasaron a tener una función distinta a aquella para la que habían sido construidas van dejando de ser necesarias. Entre ellas, la morgue improvisada en el Palacio de Hielo de Madrid. Por esta y por otras, incluidas las tradicionales, pasaron víctimas de la pandemia que no pudieron ser despedidas como a sus seres queridos les hubiese gustado. No tuvieron la oportunidad de decir adiós y esa sustracción del proceso habitual de duelo acarrea unas consecuencias psicológicas difíciles de valorar. Cuando todo esto pase cada uno de ellos, de forma individual o grupal, tratarán de cerrar esa herida.

Por motivos diferentes, esto es lo que sucede en La ceguera del cangrejo. Ángel Fuentes, militar destinado en el Líbano, no pudo decir adiós a Olga Herrera, su pareja fallecida en un absurdo accidente, porque su relación con ella no estaba formalizada y la situación en su destino no lo permitía. Ángel trata de cerrar el capítulo siguiendo los últimos pasos que dio Olga en Lanzarote, donde estaba preparando una biografía sobre César Manrique.

No sé en que fase del duelo está Ángel cuando llega a la isla, tampoco creo que estas fases tengan unas fronteras bien delimitadas, la cuestión es que el militar se niega a creer que Olga haya muerto en un accidente, siente la ira y la frustración por no haber podido despedirla, también la tristeza por la ausencia. Como puedes ver toda una mezcla de las distintas etapas del duelo. Esa negación a creer que el motivo del fallecimiento sea el oficial, junto con ciertas sospechas que le sobrevuelan al seguir sus pasos, llevará a que Ángel quiera llegar al fondo de lo que en realidad ocurrió.

El espesante

Hoy te toca soportar la matraca de los talleres literarios, así que voy con el siguiente. También en septiembre del año pasado asistí al taller ¿Así que quieres escribir una novela negra? impartido por Carlos Zanón (este sí que mereció la pena). En él decía que es necesario espesar el argumento con otros temas diferentes al principal, es decir, abandonar de vez en cuando la trama principal para dar algún respiro al lector, lo que se hace aún más necesario en la novela negrocriminal.

Me parece que el exceso de espesante es la mayor debilidad de La ceguera del cangrejo. La abundante información sobre César Manrique, sobre todo en la primera mitad de la novela, es en mi opinión el único punto flaco de esta buena novela. Por fortuna, la segunda parte es muy diferente y he podido disfrutar mucho con su lectura, pero tengo que reconocer que el panegírico sobre el artista canario me sacaba de la narración, sobre todo porque lentifica en exceso el ritmo.

Ritmo isleño

Los que vivimos en grandes ciudades, y en especial las de interior, estamos acostumbrados a un ritmo de vida demasiado acelerado. La impaciencia nos posee con demasiada facilidad y nos resulta más difícil disfrutar del viaje que es parte indispensable de la experiencia. Hablo por mí, pero no me creo tan especial como para suponer que soy un ejemplar único, así que meto en el saco a más de uno.

Esta sensación de que todo va muy despacio me invadió durante la primera mitad de la novela. La trama no avanzaba y la impaciencia me amenazaba por momentos. Tuve que recordarme que el ritmo no es el mismo en todas partes y que los urbanitas necesitamos levantar el pie del acelerador para poder disfrutar. Así lo hice y la paciencia me premió con una segunda parte excepcional.

Lanzarote

La isla de Lanzarote cobra un papel fundamental en La ceguera del cangrejo. Un papel que ya tuvo en la vida de César Manrique, y como ya he mencionado, el artista vertebra gran parte de la novela.

Pero no son sus paisajes lo más importante, aunque también tienen su repercusión. Las islas imprimen un carácter especial a sus gentes, ya hablé de ello en la reseña de Hierro, imponen una forma de vida que tiene un papel protagonista en la novela:

en Lanzarote nada queda lejos y lo importante está oculto bajo la tierra

y no es el sentido literal en el que deberías fijarte.

Pero la isla también tiene su importancia porque no se libra de los atentados ecológicos de los desalmados del ladrillo.

La fiebre del ladrillo

Es imposible mirar las costas españolas y no darse cuenta de que han sido víctimas de la vorágine inmobiliaria y turística, salvo honrosas excepciones. Estos crímenes paisajísticos y ecológicos se visten de cifras de paro para socavar cualquier intento de acabar con ellos. Entiendo que quienes tienen que elegir entre la ecología y la comida en la nevera elijan esta última. La ambición desmedida vive de esta necesidad, la explota en su beneficio, es un escudo que utiliza para cubrir de honorabilidad sus abyectas intenciones. Hay poderosos que nadan entre las penurias con gran habilidad en busca de individuos con moral dudosa o necesidad extrema, despojados de escrúpulos, sirvientes ideales para sus propósitos más oscuros.

Este es el caldo de cultivo que Alexis Ravelo utiliza para dar vida a algunos de los personajes que tejen el entramado en el que se verá envuelto Ángel Fuentes. Buscando respuestas para su dolor, el militar se encontrará con una figura de César Manrique que ejerce de adalid contra los despropósitos urbanísticos que durante su época de máxima influencia pretendían cometerse en Lanzarote. Es el mismo entramado en el que se vio envuelta Olga durante su investigación para la biografía del artista, un camino con rincones oscuros, alimento para los conspiranoicos y combustible para el motor de dudas que mueve a Ángel.

No todos los muros son de ladrillos

Unas veces es la sociedad la que levanta muros y otras somos nosotros mismos. Nuestras inseguridades y complejos son los mejores materiales de construcción para este propósito. Esto es lo que le sucede a Ángel. Ha levantado un muro alrededor del mundo de Olga y su círculo de amigos, un territorio hostil en el que se cree incapaz de penetrar por no contar con las armas para poder hacerlo.

Tan potente es esa sensación que cuando está dentro se siente como un espía cuya verdadera identidad será desvelada en cualquier momento, alguien estigmatizado por un nivel cultural muy inferior al de los habitantes del universo al que pertenecía la persona que amaba.

Tal vez la situación fuese aceptable de no ser porque le surge la duda de la bidireccionalidad del amor en su relación. Se pregunta los motivos que podía tener Olga para amarlo y comienza a abonar una tierra que espera ansiosa la semilla de los celos. Así que cuando aparecen las fotografías de Míster Sonrisas, un amigo de Olga, tan solo hace falta inclinar una regadera repleta de agua.

Pero incluso en tierra hostil se pueden encontrar aliados. Así le sucede a Ángel con Blas, el marido de una de las amigas de Olga. En él encontrará alguien con las capacidades necesarias para ayudarlo en su búsqueda de una verdad que con el paso de los días va tomando forma. Aunque no será Blas su único aliado.

Que caiga el telón y la venda

Ha llegado al final de la reseña y con él la caída del telón, pero no quiero despedirme sin que caiga otra cosa antes. Los problemas de visión no siempre están relacionados con el sistema visual, a veces pueden solucionarse dejando que caiga la venda, esa que de vez en cuando nos ponemos en los ojos para hacer que la vida sea soportable o tal vez porque nos beneficia. Cada uno decidimos por qué nos la ponemos. Incluso a veces no es necesario utilizar la venda, basta con mirar para otro lado. El método lo elegimos cada uno, pero pocos son los que se libran de que la ceguera los afecte en un momento u otro de sus vidas. Como ya habrás adivinado, detrás de La ceguera del cangrejo hay algo de esto.

Tengo que agradecer que Alexis Ravelo haya compensado en parte el viaje a Canarias que la pandemia ha impedido. El autor presenta una novela repleta de canarismos, como mi dominio del canario es nulo, consulté a menudo el significado de estos, no tanto porque fuese necesario para la comprensión del texto, sino más bien porque no podía evitar profundizar en ese ambiente isleño que el autor consigue reproducir en sus páginas. El ritmo pausado de acontecimientos, que he mencionado con anterioridad y que invocaba a mi impaciencia, hace que la inmersión insular sea más profunda; ritmo que marida a la perfección con el de los ancianos que a menudo aparecen como representantes de la población conejera.

La ceguera del cangrejo me ha parecido una buena novela, excepcional en la segunda mitad. En ella el autor juega con una de las máximas de la novela policíaca y es que el criminal debe ser cercano y a la vez permanecer oculto. Visto así habrás llegado a la conclusión de que el asesino de Olga es Lanzarote, ya que nada está lejos y lo importante está oculto. Siento haberte destripado el final de la novela, pero aun así tendrás que leerla si quieres saber lo que en realidad ocurrió con Olga.

Trata de disfrutar la novela en su totalidad, sin que las prisas te arruinen una primera parte escrita, como el resto, con gran maestría; la paciencia te recompensará. Si ya has recibido tu premio, o no, házmelo saber. No te cortes y dispara.

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Fuentes de imágenes

Cubierta:
Fotografía: Wjarek / Shutterstock.com
Diseño: Gloria Gauger

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2 Comentarios

  1. Alexis Ravelo

    Me ha gustado esta reseña tan minuciosa, José Javier. Creo que tienes razón en lo que respecta a la primera parte: tiene un ritmo muy distinto. Lo necesitaba no solo para aportar elementos con los que jugar después, sino porque el paisaje y el ritmo de Lanzarote (yo no soy de allí e iba en cuanto tenía unos días libres, para documentarme y escribir) me fue ganando. De alguna manera, ese ritmo y ese silencio conejero se fueron imponiendo. De todos modos, yo sé que gran parte del público lector pide ritmos más rápidos. Gracias por avisar a tus lectores de las curvas que vienen después. Y, sobre todo, por prestarle atención a mi trabajo.

    Responder
    • José Javier Navarrete

      Gracias a ti por tus libros.

      Responder

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