Crítica de Perdición

Billy Wilder

La femme fatal

19/11/2020
Cartel de crítica de Perdición
FICHA TÉCNICA

 

Título: Perdición

Título original: Double Indemnity

Año: 1944

Duración: 106 min

Dirección: Billy Wilder

Guion: Raymond Chandler, Billy Wilder (basado en la novela de James M. Cain)

Reparto:

Fred MacMurray, Barbara Stanwyck, Edward G. Robinson, Tom Powers, Porter Hall, Jean Heather, Byron Barr, Richard Gaines, Fortunio Bonanova, John Philliber, Bess Flowers, Miriam Franklin

Productora: Paramount Pictures

José Javier Navarrete - blog de novela negra

JOSÉ JAVIER NAVARRETE

Si está Chandler, debe de merecer la pena

Perdición es la mejor película del cine negro de todos los tiempos. Ante este tipo de afirmaciones me siento como un gato cerca de una piscina. Como tantas otras películas clásicas, esta la había visto hace tantos años que mis recuerdos de ella eran inexistentes. Decidí volver a verla, no porque haya recibido todo tipo de estímulos positivos durante mucho tiempo, sino por el hecho de que Raymond Chandler es uno de sus guionistas.

Es curioso que su primer trabajo en Hollywood fuese una adaptación de una novela de James M. Cain, del que decía:

Todo lo que toca huele como un macho cabrío.

Semejantes personas son el desecho de la literatura, no porque escriben sobre cosas indecentes, sino porque lo hacen de una manera indecente.

A Chandler no le gustaba que los personajes de Cain cayesen en situaciones sórdidas por las pasiones sexuales que los invadían. Este es el tema principal de Perdición.

Tal vez Chandler aceptase el encargo por motivos económicos. Fue contratado por trece semanas con un sueldo de 750 dólares a la semana. Teniendo en cuenta que en años anteriores había sobrevivido con algunos miles al año, aquello suponía nadar en la abundancia.

Una mala relación

Pero mentiría si dijese que tan solo la he vuelto a ver por Chandler. Billy Wilder ha tenido también parte de culpa. De él he visto muchas películas, pero aparte de esta, me quedo con El crepúsculo de los dioses y El apartamento. La relación que mantuvieron Wilder y Chandler durante la elaboración del guion fue tensa, el escritor no soportaba trabajar con el director. Chandler llegó a escribir un documento en el que enumeraba las humillaciones recibidas por parte de Wilder y en el que exigía que cesasen.

A pesar de esas desavenencias, Wilder se refirió a Chandler como una de las mayores mentes creadoras. Por otro lado, el escritor opinaba así de su colaboración: «fue una experiencia angustiosa que probablemente ha acortado mi vida; pero con ella aprendí todo lo que soy capaz de aprender sobre guiones, que no es mucho».

El mago de los diálogos

En sus historias, Raymond Chandler siempre demostró su maestría con los diálogos, así que este fue el motivo principal por el que lo contrataron para esta producción.

La idea inicial era la de utilizar el máximo posible de los diálogos de la novela, pero cambiaron de idea en cuanto unos actores representaron una escena. Se dieron cuenta de que aquello que sobre el papel daba la sensación de naturalidad, era un esperpento en boca de aquellos actores. Después de hablar con Cain, tuvieron que reescribirlos; del excelente resultado tiene gran culpa Chandler.

Pero como el estilo de Chandler va mucho más allá de los diálogos, su mano se deja notar en otros aspectos del guion, ya que la estructura de la película se basa en un flashback narrado por el protagonista. Esos pasajes con la voz en off del narrador dejan margen para que el escritor exhiba otros recursos estilísticos de su magnífica prosa. Aunque no puedo estar seguro de la contribución de cada uno de ellos al guion, quiero pensar que perlas como:

Pensé de repente que todo acabaría mal. Parece absurdo, Keyes, pero así fue. No oía mis propios pasos, eran los de un hombre muerto.

fueron obra de Chandler.

Basada en hechos reales

La película está basada en una novela de James M. Cain, Double indemnity (titulada en español Pacto de sangre). Esta novela corta fue publicada por primera vez en 1936 en la revista Liberty, para aparecer en 1943 en Three of a kind, un volumen compuesto de tres novellas.

Cain se basó para su escritura en el asesinato que Ruth Snyder y su amante, Judd Gray, cometieron en la persona de Albert Snyder, marido de la asesina. Cain cubrió el caso cuando trabajaba como periodista en Nueva York.

Se trata de una historia de deseo en el que un agente de seguros se ve arrastrado a la perdición por la arquetípica mujer fatal. Ya va siendo hora de que comience con la película.

Inicio trepidante

Es de noche en las calles de Los Ángeles. Un automóvil se desplaza a gran velocidad, saltándose los semáforos, a punto de provocar un accidente. Su conductor es Walter Neff (Fred MacMurray) un agente de la compañía de seguros Pacífico Todo Riesgo. Se detiene ante la puerta del edificio de la compañía, sale del coche encorvado, con un abrigo sobre los hombros. Llama y le abre el portero de noche. Se dirige al despacho de Barton Keyes (Edward G. Robinson), el jefe de reclamaciones. En un oscuro contraluz, abre la puerta y se quita el abrigo. Cuando se ilumina la estancia, la chaqueta de Neff muestra una pequeña mancha de sangre en el hombro izquierdo en la que parece haber un orificio. Se sienta y saca un cigarrillo, por primera vez enciende una cerilla usando la uña del pulgar. Introduce un rodillo en la grabadora y comienza la narración. Es 16 de julio de 1938. Se dirige a Keyes y le dice que no supo verlo por tenerlo muy cerca. Se refiere a la resolución del caso Dietrichson. En el minuto seis de la película dice:

Le maté por dinero y una mujer. Y ni conseguí el dinero, ni la mujer.

Señoras y señores, con ustedes el flashback

Están a finales de mayo y Neff llega a la casa del señor Dietrichson por un tema relacionado con los seguros de sus coches. Esta primera secuencia del flashback me parece absolutamente simbólica, una declaración de intenciones de lo que será la película. Comienza con una escena luminosa en la que el vendedor de seguros se dirige a una casa de estilo español de fachada blanca. El día es soleado, unos chicos juegan al béisbol, el camión de los helados pasa a su lado. Neff llama a la puerta y abre una sirvienta, que, como cancerbero, intenta hacerle un favor evitando que el visitante penetre en la casa (en la novela, la Casa de la Muerte). El diálogo que mantiene Neff con Nettie, la asistenta, me parece genial:

Neff: ¿Está el señor Dietrichson?
Nettie: ¿Quién desea verle?
Neff: Me llamo Neff, Walter Neff.
Nettie: ¡Si es que vende alguna cosa!
Neff: ¡Oiga! Quiero hablar con el señor Dietrichson y no vengo a ofrecerle ninguna revista.
Nettie: el señor Dietrichson no está.
Neff: ¿Cuándo cree que estará?
Nettie: Cuando haya llegado, si es que eso le sirve de algo.

Neff doblega la resistencia de Nettie, tal vez porque aún no sabe que la luz de la calle es su pasado y las sombras y oscuridad que lo acogen al cruzar el umbral es parte de su futuro. Su destino se sella cuando en la parte alta de la escalera aparece Phyllis Dietrichson (Barbara Stanwyck). Tan solo lleva una toalla encima y unas gafas de sol en la mano derecha. Viene de tomar un baño de sol, si como he dicho, la luz es la vida pasada de Neff, Phyllis se acaba de quedar con gran parte de ella. Ella arriba, él abajo, ¿es solo una situación física? No, también es una posición de fuerzas en la relación que se establecerá entre ambos. Cuando la señora Dietrichson se retira para vestirse antes de hablar con Neff, las Parcas ya han tejido el destino del agente de seguros.

Neff se queda de nuevo solo con Nettie:

Neff: ¿Dónde está la sala de estar?
Nettie: ¡Ahí mismo!, pero los licores están cerrados.
Neff: No importa, yo siempre llevo llaves.

Aunque no las tiene de las cadenas que lo unen a Phyllis y a su perdición. Otra alegoría a ellas podría ser la pulsera que ella lleva en el tobillo. Desde el minuto cero, Neff ha alcanzado el punto de no retorno:

Pero, a decir verdad, Keyes, en aquel momento no me interesaban a mí los peces de colores ni los seguros de automóviles ni el señor Dietrichson o su hija. Estaba pensando en la señora Dietrichson y en la forma en la que me había mirado. Deseaba volver a verla más de cerca, sin aquella estúpida escalera entre ambos.

Tanto es así que en la siguiente conversación se lanza al coqueteo sin freno, por lo que la señora Dietrichson le para los pies con el siguiente diálogo:

Phyllis: En este estado hay un límite de velocidad: 70 km/h.
Neff: ¿Y a cuál iba, agente?
Phyllis: Yo diría que a 90 km/h.
Neff: Pues bájese de la moto y póngame una multa.
Phyllis: Mejor dejarlo en advertencia por esta vez.
Neff: ¿Y si no da resultado?
Phyllis: Le daré con una regla en los nudillos.
Neff: ¿Y si me echo a llorar y pongo la cabeza en su hombro?
Phyllis: ¿Y por qué no intenta ponerla en el de mi marido?

El anzuelo está echado

Neff es un soltero de 35 años. Cínico y decente hasta que la tentación llama a su puerta, o más bien, él llama a la suya. En cuanto se entera de que la señora Dietrichson pretende hacer una póliza de seguro de accidente para su marido sin conocimiento de este, Neff no necesita más para sospechar lo que pretende en realidad. Se indigna y se marcha, pero todos sabemos lo que ocurre, el mismo Neff lo cuenta al comienzo de la película.

Luché contra ello, aunque no con mucha fuerza.

Se trata de género negro en estado puro. Alguien como tú o como yo, con un código de valores, pero expuesto a las pasiones:

Estaba aún revuelto por dentro, pero seguía sin soltar el hierro candente. Entonces me di cuenta de que no me había librado de nada, de que el anzuelo era demasiado fuerte, de que no había terminado todo entre ella y yo. No era más que el principio.

La quiere y trata de convencerla de que matar a su marido es una locura. En un sofá, con unos cuadros de boxeadores antiguos sobre ellos, se desarrolla un combate. Ya sabemos quién gana.

Neff no es el criminal típico, por eso el espectador no puede evitar sentir cierta empatía por él, preocuparse cuando las cosas se tuercen, a pesar de que no es un inocente al que hayan engañado. Porque Neff no acaba inmerso en esa locura solo por amor, también le puede la ambición, de ahí que se contrate una póliza con doble indemnización, el título original, y creerse lo suficientemente inteligente para salir impune.

El enanito

Con este apelativo no me refiero a Edward G. Robinson, aunque en parte sí. Para poder alcanzar su meta, Walter y Phyllis tendrán que enfrentarse a Barton Keyes, el jefe de reclamaciones. Es un perro de presa que ha refinado su olfato para hallar falsas reclamaciones durante años. No deja nada sin investigar, incluso a la que pudiera ser su futura esposa. Pero además es que cuenta con su enanito, una suerte de sexto sentido. Veámoslo en acción con un cliente que intenta dársela con queso:

Keyes: Mire Gorlopis, todos los meses llegan a esta mesa cientos de reclamaciones, algunas son falsas y yo las conozco enseguida. ¿Qué cómo las conozco? Porque me lo dice mi enanito.
Gorlopis: ¿Qué enanito?
Keyes: Uno que tengo aquí dentro. Cada vez que llega una reclamación falsa me hace un nudo en el estómago. ¡No puedo comer! Y la suya es una de esas. De modo que sé que es falsa.

Podríamos pensar que es solo una película sobre el deseo o la ambición, pero también es una película sobre la amistad. Neff llega a decirle a Keyes:

Yo también te quiero.

En la escena podría parecer que habla en broma, pero no lo es cuando él como narrador añade:

Sabía que debajo de las manchas de su chaleco había un corazón más grande que una casa.

Pero ese sentimiento es mutuo. Keyes también lo aprecia, hasta el punto de lo que es capaz de hacer por Neff al final de la película. Pero también lo demuestra ofreciéndole un puesto mucho mejor en la empresa que Neff rechaza porque tiene otra «cosa» en mente:

Te elegí a ti para el trabajo no porque te crea más listo, sino porque te creía menos tonto que los demás que están aquí. Y me he equivocado, no eres más listo, solo un poco más alto.

Otra perla de los diálogos.

El tren llega a su destino

Creo que ya te he contado lo suficiente. Si aún no te he animado para que la veas, te diré que también hay sospechas de crímenes antiguos, de infidelidades y deseos de venganzas. Un cóctel explosivo que hace de esta película una de las mejores del cine negro. ¿La mejor? Puede ser.

Se trata de una película bastante arquetípica de género negro, sobre todo en el uso de la mujer fatal, que Barbara Stanwyck borda con su actuación. Junto a Jane Greer, en Retorno al pasado, me parecen las dos mejores femme fatale del cine. Su aparición en escena no es comparable a la de Rita Hayworth en Gilda, pero desde luego no deja indiferente a Walter Neff.

Ya que está basada en una novela de James M. Cain, no puedo dejar de hacer referencia a otra película inspirada en otra novela del mismo autor, me estoy refiriendo a El cartero siempre llama dos veces, estrenada dos años después. Ambas películas tienen una temática similar y en ambas noto que carecen de la misma falta de pasión en las escenas más tórridas, supongo que la censura de aquellos años tiene mucho que ver.

Como nos encontramos al final de la entrada te hablaré del final de la película. No del que puedes ver, sino el que el miedo a esa censura hubiese querido que vieses. Wilder y Chandler decidieron que el protagonista muriese en la cámara de gas (en lugar de en la silla eléctrica como lo hizo Ruth Snyder), accediendo al final ejemplar que para los asesinos exigía la censura. Llegaron a rodar la escena, con todos los gastos de producción que suponía una escena de ese tipo, pero al final Wilder decidió suprimirla.

No me quiero marchar sin antes comentar que Neff no podía imaginarse que el asesinato oliese a madreselva y en ese momento el aroma traspasa la pantalla, tanto como el de la fatalidad que nos acompaña durante todo el metraje. Tampoco la aparición reiterada de las cerillas, con las que Neff prende sus cigarros o los de otros, pero sobre todo los puros de quince centavos de Keyes. Como tantas otras cosas de la película me parece simbólico. Mientras Neff tiene el control es él quien las enciende. Al final, cuando todo está perdido, es Keyes el que la tiene que encender. ¿Sospechas como lo hace?

Me alegro de haber vuelto por esta sección del blog con esta película. Llena de sombras y oscuridades, y no solo en la fotografía. Una auténtica maravilla que no puedes perderte. Si quieres contarme algo, no te cortes y dispara.

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Fuentes de imágenes

Fotografía de cabecera:
Autor: StockSnap
Alojamiento: Pixabay

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